Después de considerarlo una
estrella fugaz, efímero en mi vida, volvió para ser inefable, y es que no
importa en qué dirección vallan nuestras
vidas, lo que me hace sentir es inconmensurable.
Y ahí estabas, cambiando mi vida
en todos los sentidos, yo tan simple y tú tan etéreo, yo deseando que esto
fuese sempiterno apostándolo todo una vez más.
Ahí estábamos, como la primera
vez, el deseo de nuestros cuerpos se hacía evidente con cada movimiento, era
obvio que deseaba ser tuya, cada segundo un poco más, cada día por el resto de
mi vida, cada respiración tuya cerca de mí,
hacían que mi pecho ardiera, que inhalara esa pasión que nuestros cuerpos transmitía al tener tus manos en mi
cadera, quería que me ahogaras, que me
tocaras, que me tuvieras, quería gritarte, tenerte, aprisionarte.
Cada beso me aprisionaba más a
ti, podía sentir el calor de tu entrepierna, y al límite de tu boca mi pelvis pedía
un poco más, torbellino eterno e
insaciable nuestros cuerpos colapsándose y nuestras vidas encontrándose, atándose
para jamás soltarse, viviendo para no olvidarse. 
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Escribo solo cuando estoy TRISTE, es mi placebo, un momento en el que mi vida es parte de una historia y solo así mi cerebro canaliza que el dolor (como en todos los cuentos) es momentáneo.