Confieso que he perdido más de alguna vez la cordura, que me gana la
euforia, el éxtasis, la melancolía y que a veces es solo el hecho de sentirme
diferente por un momento. Y es que a qué mujer no le tiembla la vida al
escuchar de un hombre asentir con su voz y a manera de petición un poco de ti.
Si dos personas se hacen reír, tienen derecho a todo... ¿Porque no hacerlo?
¿Porque no entrar a esa quimera tan deliciosa?
Llegue a sentir muchas cosas, incluso me humedecí, me dio miedo sin embargo jamás
dude.
Confieso que sigo soñando con cuentos de hadas, con historias de amor, mis
realidades me dicen que no será fácil, ya que las normas sociales no aceptan la
ligereza de actos semejantes.. Inclusive las de él, pero que es la vida si no
un puñado de buenos y malos momentos.
A veces me asusta, yo que viví aletargada en la opulencia
de las buenas
costumbres del bien y lo correcto de las sensaciones y fascinaciones de donde
sale esto que me llena, que me seduce, que me enloquece, si de acuerdo a las
normas de la ética y las buenas costumbres esto no antecede a una dama...
Y que ahí con ser una dama en la casa y una cualquiera en la cama... quien
decide los códigos de la moralidad, quien se opone a las mentes abiertas, activas
y abducentes a los momentos mágicos orgásmicos.
¿Porque simplemente no vivir?
Porque no empezar a dejar de señalar a aquella que al enfrentar
barreras sociales comienza a ser diferente incluso ante ella misma, y que tire
la primera pierda quien esté libre de pecado.
Clementinellie.


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Escribo solo cuando estoy TRISTE, es mi placebo, un momento en el que mi vida es parte de una historia y solo así mi cerebro canaliza que el dolor (como en todos los cuentos) es momentáneo.