lunes, 13 de junio de 2016

Notas de salida para no morir de amor


Decidí huir de mi eterno letargo, realmente no quería seguir así y así fue, un día sin pensarlo hui.

Navegando por un indeterminado tiempo  y sin ver salida alguna, una noche sin estrellas (o al menos yo no las podía ver) al final del mar tras las aguas negras, ahí donde la luna desaparece pude ver una pequeña luz. 


Sorprendida, di un salto de donde estaba postrada, emocionada comencé a sonreír, quizás era lo que anhelaba, entre más me acercaba más me emocionaba llegar ahí donde la luz mezclaba sus colores en la sombra haciendo un claro-obscuro. 

Llegue exhausta, mi corazón salía dentro de mí, no podía esperar a saber que había en ese lugar,  al recorrer detenidamente con la mirada el nuevo lugar, me percate que alguien sollozaba entre las sombras.  Un golpe a mi pecho recorrió todo mis pensamientos.

¿Quién era?
¿Por qué lloraba?
¿Por qué sentía que lo conocía?
¿Porque me causaba profunda tristeza sentir su dolor?

Me acerque, un aire cálido impacto en la distancia que se iba acortando entre los dos, conocí a Toto, era alguien como yo, la vida lo había golpeado en más de alguna ocasión, al momento de verlo supe que él era como yo y que estaría en mi andar más allá de lo que pudiera pensar.  


Me mostro su mundo, sus heridas, sus cicatrices de guerra, de cómo el dolor corría por su vida sin un camino establecido.

Pensé:
¿Era posible mitigar el dolor propio con el de alguien?
¿Era válido olvidarte de ti pera sostener a alguien más?

Busque dentro de mis instintos mitigar el dolor de Toto, y aunque era difícil ya que había vivido en soledad tantos años, había olvidado lo reconfortante que era sentir el bien de alguien aferrándose a él
Los días pasaban, no podría estar tanto tiempo ahí, yo tenía que recuperar mi vida, tenía que volver a vivir.
Toto y yo pasábamos el tiempo platicando, acerca de cómo la vida nos había empujado hasta este lugar, como habíamos perdido la concepción de lo que realmente era el amor, de cómo la humanidad se había envuelto en un papel tan banal, tan mediocre, tan  lastimero.
Y aun así, tan similares pero tan diferentes, nos aceptábamos la compañía realmente era buena. 

Pude marcharme, Toto estaba acondicionado para seguir ahí, al momento de estrechar nuestras manos y crear un lazo de continuidad, me compartió una nota, una nota de salida para no morir de amor, para volver a creer, para que no desistiera en la búsqueda de alguien que pudiera hacerme feliz. 


Aqui la nota.....




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Escribo solo cuando estoy TRISTE, es mi placebo, un momento en el que mi vida es parte de una historia y solo así mi cerebro canaliza que el dolor (como en todos los cuentos) es momentáneo.