Decidí
huir de mi eterno letargo, realmente no quería seguir así y así fue, un día sin
pensarlo hui.
Navegando
por un indeterminado tiempo y sin ver salida alguna, una noche sin
estrellas (o al menos yo no las podía ver) al final del mar tras las aguas
negras, ahí donde la luna desaparece pude ver una pequeña luz.
Sorprendida,
di un salto de donde estaba postrada, emocionada comencé a sonreír, quizás era
lo que anhelaba, entre más me acercaba más me emocionaba llegar ahí donde la
luz mezclaba sus colores en la sombra haciendo un claro-obscuro.
Llegue
exhausta, mi corazón salía dentro de mí, no podía esperar a saber que había en
ese lugar, al recorrer detenidamente con la mirada el nuevo lugar, me
percate que alguien sollozaba entre las sombras. Un golpe a mi pecho recorrió
todo mis pensamientos.
¿Quién
era?
¿Por
qué lloraba?
¿Por
qué sentía que lo conocía?
¿Porque
me causaba profunda tristeza sentir su dolor?
Me
acerque, un aire cálido impacto en la distancia que se iba acortando entre los
dos, conocí a Toto, era alguien como yo, la vida lo había golpeado en más de
alguna ocasión, al momento de verlo supe que él era como yo y que estaría en mi
andar más allá de lo que pudiera pensar.
Me
mostro su mundo, sus heridas, sus cicatrices de guerra, de cómo el dolor corría
por su vida sin un camino establecido.
Pensé:
¿Era
posible mitigar el dolor propio con el de alguien?
¿Era
válido olvidarte de ti pera sostener a alguien más?
Busque
dentro de mis instintos mitigar el dolor de Toto, y aunque era difícil ya que había
vivido en soledad tantos años, había olvidado lo reconfortante que era sentir
el bien de alguien aferrándose a él
Los
días pasaban, no podría estar tanto tiempo ahí, yo tenía que recuperar mi vida,
tenía que volver a vivir.
Toto
y yo pasábamos el tiempo platicando, acerca de cómo la vida nos había empujado hasta
este lugar, como habíamos perdido la concepción de lo que realmente era el
amor, de cómo la humanidad se había envuelto en un papel tan banal, tan
mediocre, tan lastimero.
Y
aun así, tan similares pero tan diferentes, nos aceptábamos la compañía realmente
era buena.
Pude
marcharme, Toto estaba acondicionado para seguir ahí, al momento de estrechar nuestras
manos y crear un lazo de continuidad, me compartió una nota, una nota de salida
para no morir de amor, para volver a creer, para que no desistiera en la búsqueda
de alguien que pudiera hacerme feliz.
Aqui la nota.....



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Escribo solo cuando estoy TRISTE, es mi placebo, un momento en el que mi vida es parte de una historia y solo así mi cerebro canaliza que el dolor (como en todos los cuentos) es momentáneo.